“…en un primer momento la cara de la enfermera marcaba ‘pause’. Me miró muy sorprendida, balbuceó algo y rápidamente me calzó en la boca una mascarilla. Llamó al resto de sus compañeros que empezaron a preguntarme fechas de fiebres y fechas de viajes. Uno de ellos casi se desespera cuando empecé a hablarle de Tokio. Hicieron cuentas y dedujeron que mi primer acceso de fiebre tuvo lugar, por los pelos, dentro del plazo de incubación de 10 días. En aquel momento, aunque yo no lo supiera, acababan de activar el protocolo.”
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