Varios astronautas y científicos de la ESA se preparan para pasar 110 días en un módulo especial de aislamiento con vistas a una posible misión tripulada a Marte. El proyecto va de la mano de la Agencia Espacial Rusa, y supongo que todo es un poco wishful thinking, ya que según recientes datos cuyo enlace no tengo a mano (lo encontraré, sé que mi credibilidad está en duda desde que comparé Madrid con L.A.) incluso Estados Unidos tardaría como mínimo una década en poner hombre en Marte a un coste de 8 billones -yanquis- de dólares.
Mi teoría es que están preparándose para construir refugios personales para altos cargos de las administraciones europea y rusa llegado el caso de un intercambio nuclear total. No se me ocurre otro motivo para meter a seis muchachos de las mejores universidades del continente en una cápsula de acero, siendo la mujer más próxima una nutricionista gafotas vestida con una nada sexy bata de laboratorio y separada del equipo por varios niveles de contención. No es realista. Deberían llamarlo Brokeback Spaceship.
Me recuerda un poco a Biosphere 2, ese megaproyecto de Gran Hermano futurista que se llevó a cabo a mediados de los 90, del que todo el mundo salió escaldado y del que hablaré en profundidad otro día. Si terminan pareciéndose en algo, cuando abran el portón de la cápsula encontrarán un montón de cadáveres semidevorados y al caótico malvado del grupo con la mirada perdida, royendo el fémur del doctor en Física. Al tiempo.