Varios astronautas y científicos de la ESA se preparan para pasar 110 días en un módulo especial de aislamiento con vistas a una posible misión tripulada a Marte. El proyecto va de la mano de la Agencia Espacial Rusa, y supongo que todo es un poco wishful thinking, ya que según recientes datos cuyo enlace no tengo a mano (lo encontraré, sé que mi credibilidad está en duda desde que comparé Madrid con L.A.) incluso Estados Unidos tardaría como mínimo una década en poner hombre en Marte a un coste de 8 billones -yanquis- de dólares.
Mi teoría es que están preparándose para construir refugios personales para altos cargos de las administraciones europea y rusa llegado el caso de un intercambio nuclear total. No se me ocurre otro motivo para meter a seis muchachos de las mejores universidades del continente en una cápsula de acero, siendo la mujer más próxima una nutricionista gafotas vestida con una nada sexy bata de laboratorio y separada del equipo por varios niveles de contención. No es realista. Deberían llamarlo Brokeback Spaceship.
Me recuerda un poco a Biosphere 2, ese megaproyecto de Gran Hermano futurista que se llevó a cabo a mediados de los 90, del que todo el mundo salió escaldado y del que hablaré en profundidad otro día. Si terminan pareciéndose en algo, cuando abran el portón de la cápsula encontrarán un montón de cadáveres semidevorados y al caótico malvado del grupo con la mirada perdida, royendo el fémur del doctor en Física. Al tiempo.
La publicación Edge reunió a finales del año pasado a un montón de personalidades del mundo de las artes y las ciencias y les planteó la siguiente pregunta: ¿Qué será lo que lo cambie todo?
Entre las muchas, variadas e interesantes respuestas, se encuentra esta de Brian Eno -conocerle es respetarle- en la que menciona muy claramente la posibilidad de un apocalipsis nada espectacular pero no por ello menos determinante: aquel al que nos conduciremos nosotros mismos a causa del pesimismo y la creencia de que el mañana, ocurra lo que ocurra, sólo puede ser peor.
THE FEELING THAT THINGS ARE INEVITABLY GOING TO GET WORSE
What would change everything is not even a thought. It’s more of a feeling.
Human development thus far has been fueled and guided by the feeling that things could be, and are probably going to be, better. The world was rich compared to its human population; there were new lands to conquer, new thoughts to nurture, and new resources to fuel it all. The great migrations of human history grew from the feeling that there was a better place, and the institutions of civilisation grew out of the feeling that checks on pure individual selfishness would produce a better world for everyone involved in the long term.
What if this feeling changes? What if it comes to feel like there isn’t a long term—or not one to look forward to? What if, instead of feeling that we are standing at the edge of a wild new continent full of promise and hazard, we start to feel that we’re on an overcrowded lifeboat in hostile waters, fighting to stay on board, prepared to kill for the last scraps of food and water?
Among a thousand new technologies, this is what he came up with. But in many ways it’s more interesting than tomorrow’s technology.
This is a dark thought, but one to keep an eye on. Feelings are more dangerous than ideas, because they aren’t susceptible to rational evaluation. They grow quietly, spreading underground, and erupt suddenly, all over the place. They can take hold quickly and run out of control (‘FIRE!’) and by their nature tend to be self-fueling. If our world becomes gripped by this particular feeling, everything it presupposes could soon become true.

Y de paso, una pieza de información que he encontrado por ahí:
One of the things I enjoyed most about Alien was its subtle satirical content. Science fiction films offer golden opportunities to throw in little scraps of information that suggest enormous changes in the world. There’s a certain potency in those kinds of remarks. Weylan Yutani for instance is almost a joke, but not quite. I wanted to imply that poor old England is back on its feet and has united with the Japanese, who have taken over the building of spaceships the same way they have now with cars and supertankers. In coming up with a strange company name I thought of British Leyland and Toyota, but we couldn’t use “Leyland-Toyota” in the film. Changing one letter gave me “Weylan”, and “Yutani” was a Japanese neighbor of mine.”
— Ron Cobb, diseñador de la Nostromo en Alien.
Michio Kaku es un futurista, físico teórico y anfitrión de diversos programas de divulgación científica, que a la manera de Asimov, Feynman, Clarke (que en Titán descanse) y toda esa amable gentecilla consigue explicar cosas interesantes y complejas de modo ameno. Esta es la opinión de un científico soñador sobre cómo llegaremos, eventualmente, a explorar la galaxia mediante sondas de Von Neumann.
Aunque afirma:
“Las matemáticas parecen implicar que debería haber miles de civilizaciones de tipo I, II y III en la galaxia, pero hasta el momento no hemos encontrado pruebas de la existencia de ninguna de ellas. Ni una sola. ¿Por qué? Porque el paso de una civilización de tipo 0 como la nuestra, a una de tipo I, es el más peligroso de todos. Puede que nosotros nunca lleguemos a darlo. Se trata de una carrera a contrarreloj. […] Esta generación y la de nuestros nietos serán las más importantes que jamás caminen sobre la faz de la tierra, ya que de ellas dependerá que finalmente demos el paso o nos autodestruyamos por culpa de nuestra arrogancia y nuestro armamento.”
En una línea más pesimista se sitúa un informe elaborado en 2003 por algunos peces gordos de la CIA y el Pentágono junto con un consultor privado, que prevé las consecuencias que el cambio climático podría tener para la seguridad nacional de EEUU. Cambio que, por cierto, no se cuestiona a lo largo de las 22 páginas del documento, hecho público por Greenpeace.
El informe contempla la posibilidad de un cambio repentino e incluye, entre otras cosas, una línea temporal de eventos internacionales. Inmigración masiva al sur de Europa desde los países nórdicos, guerra civil en China, lucha por el control de las fuentes de agua potable, hambrunas en Centroeuropa y la transformación de Japón en islitas del tamaño de Cuenca son algunas de las excitantes posibilidades.
Preparen el abrigo, las latas de alubias en conserva y los juegos de mesa tradicionales.