Hoy hablaré del futuro. El futuro del futuro sin futuro. Dicho más claramente: lo que le espera a la subcultura del fin de los tiempos tal y como la conocemos. Preveo un lento pero inexorable declive en el género de ficción apocalíptica.
El 11-S fue la caja de Pandora. Desde entonces, en progresión geométrica, comenzaron a proliferar películas, cómics, series y videojuegos que de un modo u otro trataban sobre el fin de la civilización y de aquello que nos esperaba tras él. No es que se hayan agotado las opciones. El ingenio humano es infinito, y en tiempos como los que hemos vivido a lo largo de la era Bush, la psique colectiva busca enfrentarse a la suma de todos sus miedos y exorcizarla desde una cómoda butaca de cine. Torres que caen, la silueta del enemigo en el difuso horizonte, alguien sacándole brillo a unos misiles intercontinentales en territorio ex-soviético; la masa vociferante se pregunta “¿qué va a ocurrir pasado mañana?” y la industria del entretenimiento está ahí para satisfacer tu curiosidad. Pero la curiosidad tiene la panza bien llena.
Y ahora me haré el pitoniso.
La crisis, que será amenazante pero pasajera y el subidón psicológico del advenimiento de Obama ayudarán a poner los clavos del ataúd de nuestro género favorito. Este había permanecido catatónico desde los años ochenta pero ha vuelto a germinar en el perfecto caldo de cultivo de escatologías que ha sido este último lustro. No es que vayamos a dejar de ir de culo y cuesta abajo, pero esta era de cielos funestos y mal agüero no puede durar para siempre. Recientemente y si siguen las noticias, habrán notado que hay unos cuantos jugadores nuevos en la política mundial: China, India, Brasil, Rusia. Cuando dentro de unos meses toquemos fondo, rebotaremos hacia arriba y veremos cómo la economía se revitaliza de mano de estos gigantes. Habrá una redistribución del poder, una sensación generalizada de cambio en la buena dirección y cierto renacer del optimismo. El público dejará de prestar atención a quienes sigan insistiendo en que nuestra carrera como especie termina en un precipicio.
Será el ocaso de las ficciones apocalípticas absolutas. Echaremos un último vistazo hiperrealista al rostro de la perdición con cosas como La Carretera y World War Z que tendrán, seguro, bastante relevancia mediática y coincidirán con lo peor del presente agujero. Después entraremos en una era post-postapocalíptica. Preveo un nuevo subgénero, no tan centrado en el desastre como en la reconstrucción: cosas como el mundo yéndose casi al carajo pero renaciendo en comunidades sostenibles no hipertecnificadas. Maquillaremos nuestro porvenir plagándolo de bucólicos borrones y cuentas nuevas. Que no nos pille por sorpresa: más de un referente importante de la cultura popular ya ha movido ficha en esa dirección.
Y hasta aquí la revisión de chapa y pintura; el motor escupe humo negro como siempre. En los últimos informes pagados por los planificadores [PDF, 9 Mb.] no hay mucho espacio para el optimismo. Seguid conteniendo la respiración, se acercan tiempos interesantes.
¡Vuestras refutaciones y teorías de cosecha propia son bienvenidas en los comentarios!