
This must take the record for the trippiest data-center build anywhere, ever: It’s an old nuclear bunker 30 meters below central Sotckholm, and its new conversion for one of Sweden’s biggest ISPs has made it truly 007-worthy. Check it: it has simulated daylight, greenhouses and waterfalls, there’re German submarine engines rigged as emergency backup generators, plus there’s 1.5 megawatts of cooling for the servers. Oh, and it can survive a hydrogen bomb attack.
Añadido a los bookmarks del GPS en la carpeta “sitios donde hacer un raid en caso de guerra nuclear”. No dice nada de ametralladoras centinela guardando la entrada pero yo sé que están ahí. Nota al pie: llevar granadas de pulso.
Ya sea porque:
…puede que no esté de más aprender un par de cosas sobre cómo aclimatar contenedores de transporte a modo de viviendas. De esos que llevan escrito MAERSK.
Quién sabe si uno de estos será lo único que te separe de una muerte por congelación o algo peor dentro de unos años, o si el estancamiendo del mercado, el encarecimiento del suelo y la escasez de materiales convertirán el reciclaje de containers en una opción viable para construir edificios enteros donde alojar a los desposeídos de la vieja economía.

Esta idea, evidente en un principio pero impopular en la práctica, viene calando con creciente intensidad en la psique del ciudadano medio. En el mercado florecen ya ofertas de vivienda que cumplen las condiciones habitacionales y logísticas necesarias para salir del paso cuando todo se vaya a tomar por culo, a saber:
Estos dos ejemplos lo demuestran.
El primero es un silo de misiles cercano a Washington que se puede adquirir en eBay por un millón y medio de dólares (nótese que la fortaleza del euro beneficia al comprador europeo). Esto cambia completamente mis planes para cuando sea rico, que ya no incluyen esta horterada de piso en el madrileño barrio de Salamanca que cuesta exactamente el doble. No se pierda qué finca, señora.
Seguidamente, el estudio de interiorismo belga LivingIs.be propone sencillamente montar una vivienda dentro de un robusto camión de carga y tirar millas. Observen la placidez de la vida en un mundo vacío, a bordo de una máquina con la que puedes atropellar los problemas a medida que vayan surgiendo. Echo de menos algún tipo de colector solar que lo alimente cuando muera la gasofa, aunque si la oferta incluye a esta moza no me importará aparcar junto a un lago para siempre y dedicarme a repoblar el planeta de émulos de Tintín.
Dos opciones muy distintas que conviven bajo un mismo propósito. La elección es vuestra.