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Colapsitarios »

He aquí un nuevo término de invención reciente. Colapsitario, a saber: estudioso o fan del colapso de la civilización. Me gusta cómo suena, aunque no define nada nuevo: más bien reúne a un montón de grupos preexistentes a un lado y a otro del espectro político y/o psicopatológico. Dichos grupos son:

  • Luditas, anarquistas y activistas anti-civilización. A.k.a. Tyler Durden
  • Survivalistas, como Ted Nugent o la pareja que vivía en un búnker en “Temblores”
  • Ecologistas desesperanzados que creen que la Madre Naturaleza finalmente nos castigará sin postre
  • Tíos de izquierdas deprimidos o sencillamente aburridos, como usted o yo
  • Antiamericanos. El 90% de casi todo el que vive al este y al sur de Europa
  • Desempleados de las finanzas, que contemplaron lo que subía por el abismo y, consecuentemente, perdieron la cordura

El artículo es interesante y contiene enlaces realmente amenos, como este que explica Las Cinco Fases del Fin de la Civilización con fría profesionalidad. El siguiente razonamiento resume la misma existencia de esta página:

…the future has become boring and unfashionable. No one wants to live in the future. The jet packs don’t work, and the Daily Me is full of spam. No finds the Future attractive any longer. The only thing left to believe in is collapse. That’s not boring! The end of civilization would be terribly exciting, and unlike any future we could imagine, probably more likely.

A-fucking-men.

No me siento muy orgulloso de pertenecer al cuarto grupo, así que planeo cambiar de ideiología política y mudarme a otro más competente. Empezaré bajándome la discografía de Ted Nugent.

Brian Eno's answer to Edge's question, "What will change everything?" »

La publicación Edge reunió a finales del año pasado a un montón de personalidades del mundo de las artes y las ciencias y les planteó la siguiente pregunta: ¿Qué será lo que lo cambie todo?

Entre las muchas, variadas e interesantes respuestas, se encuentra esta de Brian Eno -conocerle es respetarle- en la que menciona muy claramente la posibilidad de un apocalipsis nada espectacular pero no por ello menos determinante: aquel al que nos conduciremos nosotros mismos a causa del pesimismo y la creencia de que el mañana, ocurra lo que ocurra, sólo puede ser peor.

dailymeh:

THE FEELING THAT THINGS ARE INEVITABLY GOING TO GET WORSE

What would change everything is not even a thought. It’s more of a feeling.

Human development thus far has been fueled and guided by the feeling that things could be, and are probably going to be, better. The world was rich compared to its human population; there were new lands to conquer, new thoughts to nurture, and new resources to fuel it all. The great migrations of human history grew from the feeling that there was a better place, and the institutions of civilisation grew out of the feeling that checks on pure individual selfishness would produce a better world for everyone involved in the long term.

What if this feeling changes? What if it comes to feel like there isn’t a long term—or not one to look forward to? What if, instead of feeling that we are standing at the edge of a wild new continent full of promise and hazard, we start to feel that we’re on an overcrowded lifeboat in hostile waters, fighting to stay on board, prepared to kill for the last scraps of food and water?

Among a thousand new technologies, this is what he came up with. But in many ways it’s more interesting than tomorrow’s technology.

This is a dark thought, but one to keep an eye on. Feelings are more dangerous than ideas, because they aren’t susceptible to rational evaluation. They grow quietly, spreading underground, and erupt suddenly, all over the place. They can take hold quickly and run out of control (‘FIRE!’) and by their nature tend to be self-fueling. If our world becomes gripped by this particular feeling, everything it presupposes could soon become true.

Olfateando los vientos de cambio

Hoy hablaré del futuro. El futuro del futuro sin futuro. Dicho más claramente: lo que le espera a la subcultura del fin de los tiempos tal y como la conocemos. Preveo un lento pero inexorable declive en el género de ficción apocalíptica.

El 11-S fue la caja de Pandora. Desde entonces, en progresión geométrica, comenzaron a proliferar películas, cómics, series y videojuegos que de un modo u otro trataban sobre el fin de la civilización y de aquello que nos esperaba tras él. No es que se hayan agotado las opciones. El ingenio humano es infinito, y en tiempos como los que hemos vivido a lo largo de la era Bush, la psique colectiva busca enfrentarse a la suma de todos sus miedos y exorcizarla desde una cómoda butaca de cine. Torres que caen, la silueta del enemigo en el difuso horizonte, alguien sacándole brillo a unos misiles intercontinentales en territorio ex-soviético; la masa vociferante se pregunta “¿qué va a ocurrir pasado mañana?” y la industria del entretenimiento está ahí para satisfacer tu curiosidad. Pero la curiosidad tiene la panza bien llena.

Y ahora me haré el pitoniso.

La crisis, que será amenazante pero pasajera y el subidón psicológico del advenimiento de Obama ayudarán a poner los clavos del ataúd de nuestro género favorito. Este había permanecido catatónico desde los años ochenta pero ha vuelto a germinar en el perfecto caldo de cultivo de escatologías que ha sido este último lustro. No es que vayamos a dejar de ir de culo y cuesta abajo, pero esta era de cielos funestos y mal agüero no puede durar para siempre. Recientemente y si siguen las noticias, habrán notado que hay unos cuantos jugadores nuevos en la política mundial: China, India, Brasil, Rusia. Cuando dentro de unos meses toquemos fondo, rebotaremos hacia arriba y veremos cómo la economía se revitaliza de mano de estos gigantes. Habrá una redistribución del poder, una sensación generalizada de cambio en la buena dirección y cierto renacer del optimismo. El público dejará de prestar atención a quienes sigan insistiendo en que nuestra carrera como especie termina en un precipicio.

Será el ocaso de las ficciones apocalípticas absolutas. Echaremos un último vistazo hiperrealista al rostro de la perdición con cosas como La Carretera y World War Z que tendrán, seguro, bastante relevancia mediática y coincidirán con lo peor del presente agujero. Después entraremos en una era post-postapocalíptica. Preveo un nuevo subgénero, no tan centrado en el desastre como en la reconstrucción: cosas como el mundo yéndose casi al carajo pero renaciendo en comunidades sostenibles no hipertecnificadas. Maquillaremos nuestro porvenir plagándolo de bucólicos borrones y cuentas nuevas. Que no nos pille por sorpresa: más de un referente importante de la cultura popular ya ha movido ficha en esa dirección.

Y hasta aquí la revisión de chapa y pintura; el motor escupe humo negro como siempre. En los últimos informes pagados por los planificadores [PDF, 9 Mb.] no hay mucho espacio para el optimismo. Seguid conteniendo la respiración, se acercan tiempos interesantes.

¡Vuestras refutaciones y teorías de cosecha propia son bienvenidas en los comentarios!

Esta imagen no pertenece a una película de zombies ni es una foto promocional del Resident Evil 4. Es una persona real fotografiada por Pieter Hugo en Nigeria.
En esta serie, los nigerianos aparecen mostrando sus hienas y monos salvajes, que han adoptado como mascotas que sacan a pasear atadas a una cadena de acero. Entre paisajes urbanos decrépitos, en una zona imprecisa entre la cultura tribal y la metrópoli tercermundista, familias enteras posan enseñando la dentadura de sus animales.
Otra serie consta de retratos de gente peculiar. Albinos, muchos de ellos de raza negra, ancianos con el rostro distorsionado por la edad o adultos con acusadas deformidades faciales. Una galería de mutantes que sobreviven cada día a su propia maldición en un entorno social inhóspito.
Su serie sobre la vida en Sudáfrica es una cacofonía delirante de sangre, cartón, polvo, armas de fuego y retratos íntimos de familias locales. Un blanco germánico aficionado a la caza, posando ante la cámara junto a sus hijos clónicos; todos llevan mono de camuflaje, rifle y municiones. Un vendedor de ataúdes rodeado de su mercancía. Animales atropellados. La calavera recién extraída de un antílope adulto. Detalles de interiorismo tan cotidiano como delirante.
La obra de Pieter Hugo es un atisbo a lo que pasa cuando la semilla de la civilización crece deforme, nutrida por inmundicias. Apoyen las artes visitando su web.

Esta imagen no pertenece a una película de zombies ni es una foto promocional del Resident Evil 4. Es una persona real fotografiada por Pieter Hugo en Nigeria.

En esta serie, los nigerianos aparecen mostrando sus hienas y monos salvajes, que han adoptado como mascotas que sacan a pasear atadas a una cadena de acero. Entre paisajes urbanos decrépitos, en una zona imprecisa entre la cultura tribal y la metrópoli tercermundista, familias enteras posan enseñando la dentadura de sus animales.

Otra serie consta de retratos de gente peculiar. Albinos, muchos de ellos de raza negra, ancianos con el rostro distorsionado por la edad o adultos con acusadas deformidades faciales. Una galería de mutantes que sobreviven cada día a su propia maldición en un entorno social inhóspito.

Su serie sobre la vida en Sudáfrica es una cacofonía delirante de sangre, cartón, polvo, armas de fuego y retratos íntimos de familias locales. Un blanco germánico aficionado a la caza, posando ante la cámara junto a sus hijos clónicos; todos llevan mono de camuflaje, rifle y municiones. Un vendedor de ataúdes rodeado de su mercancía. Animales atropellados. La calavera recién extraída de un antílope adulto. Detalles de interiorismo tan cotidiano como delirante.

La obra de Pieter Hugo es un atisbo a lo que pasa cuando la semilla de la civilización crece deforme, nutrida por inmundicias. Apoyen las artes visitando su web.

The Torture Game

The Torture Game
Circ haciendo de las suyas.

El sufrimiento gratuito ya no es terreno exclusivo de los vuelos privados de la CIA o de las futuras víctimas de Dexter. Por fin la tortura está al alcance de todos. Si el Spore Creature Creator es el sandbox-game del buen rollo (aunque la gente se empeñe en despojarlo de su inocencia), The Torture Game es su opuesto maléfico.

La premisa es simple: una víctima anónima aparece atada en una habitación oscura, y el jugador dispone de una panoplia de instrumentos, ubicados en hilera vertical al más puro estilo Photoshop, para dar rienda suelta a su sadismo sobre el pobre desgraciado. A saber: cuerdas, armas de fuego, cuchillas, motosierra, barras de acero e incluso una brocha de pintura por si los creativos.

La programación del juego es espartana pero sólida. Como referencia, es más realista que casi cualquier juego en flash, pero menos que uno de Playstation 2. Incluye físicas: las cosas rebotan, chocan y se mecen cuando están atadas. Los miembros amputados dejan de influir en la salud de la víctima. Hay varias capas de tejido, desde la epidermis al hueso. Y puedes sustituir la textura facial subiendo el retrato de alguien y convertir la experiencia en algo más de tú a tú.

Se me ocurren varias preguntas. ¿Usan ya un simulador de tortura en alguna agencia gubernamental? o ¿Cual es el nivel de realismo necesario para que la sociedad y la ley pongan límites a vehículos de ocio como este? Conocer la respuesta a la segunda pregunta es sólo cuestión de tiempo (y capacidad de proceso).

Avanzamos hacia la violencia pura sin necesidad de excusas. Doom, Carmaggedon, Manhunt…? Fuera fases. Fuera argumento. No es un juego violento: la violencia es el juego.

¿Divertido? Comprobadlo vosotros mismos.

Visto en The Raw Feed.