Un sábado de hace varios meses, quienes madrugaron viendo el canal CT2 de la televisión checa contemplaron los pintorescos panoramas campestres de su país, junto al mudo acompañamiento de una música de ascensor. Era la programación meteorológica habitual de la mañana.
Y entonces llegó la explosión nuclear.
A lo largo de lo que parecían las montañas de Krkonose, un resplandor blanco precedió al espectáculo de una nuble nuclear en forma de hongo.
Más en el New York Times.
La CBS ha decidido cancelar Jericho, la serie post-apocalíptica yanki por excelencia.
We have read your e-mails over the past few days and have been touched by the depth and passion with which you have expressed your disappointment. Please know that canceling a television series is a very difficult decision. Hundreds of people at the network, the production company and the incredibly talented creative team worked very hard to build and serve the community for this show — both on-air and online. It is a show we loved, too. Thank you for supporting ‘Jericho’ with such passion.
En mi opinión, Jericho es un drama no demasiado original sobre un montón de paletos con las mejores intenciones sobreviviendo a un apocalipsis desnatado, donde los valores de bondad, coraje y democracia tradicionalmente yankis no sólo son válidos sino la mejor de todas las opciones. Hay un joven y guapo héroe blanco y un inquietante negro con algo que ocultar. Hay un alcalde barbudo y pro-ANR con barba y agallas pero buen corazón y un departamento de policía mucho más tonto que todos los anteriores.
Si en ciencia ficción hay la ópera espacial (fantasía, color, explosiones que suenan en el espacio) y el hard (realista, pesimista, posmoderno) como estilos enfrentados, podemos decir que Jericho era la versión apocalíptica de lo primero. Yo llegué al episodio 6.
En resumen: que nos parecía una puta mierda y nos la sopla que cierren.